Osteoporosis: la salud de tus huesos empieza mucho antes de la vejez

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Hay una creencia instalada sobre la osteoporosis que hace más daño que la enfermedad misma: que es un problema de personas mayores. Que llega sola con el tiempo, que no hay mucho que hacer antes de que aparezca, y que cuando aparece, ya es demasiado tarde para revertirla. Las tres creencias son falsas y entender por qué cambia completamente lo que se puede hacer hoy, a los 25, a los 35, a los 45, para llegar a los 60 con huesos que soporten el peso de la vida sin quebrarse con una caída.

El 20 de octubre es el Día Mundial de la Osteoporosis. Y este año la International Osteoporosis Foundation hace un llamado urgente a la acción para abordar la falta generalizada de atención en la prevención de esta enfermedad que afecta a más de 500 millones de personas en todo el mundo. La mayoría de ellas sin saberlo.

El dato que más sorprende: el hueso se construye antes de los 30

Aquí está el dato que cambia la conversación sobre osteoporosis: la masa ósea máxima suele alcanzarse entre los 25 y 30 años. A partir de entonces, el hueso continúa remodelándose, y los hábitos a lo largo de la vida siguen siendo importantes para mantener una buena salud ósea.

Eso significa que la osteoporosis no es una enfermedad que aparece de repente en la vejez. La salud ósea se construye desde la juventud y está influida por los hábitos a lo largo de la vida, además de otros factores de riesgo. El calcio, la vitamina D y el ejercicio son importantes para mantener los huesos fuertes en cada etapa.

La Organización Mundial de la Salud estableció que la osteoporosis se define por una densidad mineral ósea de 2.5 desviaciones estándar por debajo de la de una persona joven sana de entre 20 y 30 años. Esa comparación no es arbitraria: el pico de los 20 a 30 es el estándar porque es el máximo que el cuerpo puede alcanzar. Todo lo que viene después es, en mayor o menor medida, una pérdida progresiva de ese capital.

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El problema que viene después de una fractura

Este es el número que más incomoda a los especialistas en salud ósea: se estima que hasta el 80% de los pacientes que sufren fracturas relacionadas con la osteoporosis no reciben un diagnóstico ni tratamiento adecuado. Eso significa que la mayoría de las personas que se fracturan un hueso por osteoporosis, se recuperan de la fractura y siguen sin saber que tienen la enfermedad, expuestas al riesgo de una nueva fractura, y generalmente más grave.

El problema tiene varias capas. La osteoporosis no duele. No produce síntomas visibles en sus etapas tempranas. El hueso se va vaciando en silencio durante años mientras la persona se siente completamente normal. La primera señal que muchas personas reciben es una fractura, generalmente de muñeca, cadera o vértebra, provocada por un golpe que en condiciones normales no debería causar tanto daño.

En Latinoamérica, además, el acceso a densitometría, el estudio que mide la densidad mineral ósea y permite diagnosticar la osteoporosis antes de que ocurra una fractura, es profundamente desigual. Solo el 25% de los equipos de densitometría en la región se encuentran en el sector público de salud. El resto está en la medicina privada. En Ecuador, eso significa que la mayoría de la población que más necesita ese diagnóstico tiene el acceso más limitado a él.

Quiénes tienen más riesgo y por qué

La osteoporosis no afecta a todos por igual. Hay factores que aumentan el riesgo de forma significativa, algunos modificables y otros no, y conocerlos permite actuar antes de que el daño sea visible.

  • Ser mujer. Las mujeres tienen mayor riesgo de osteoporosis que los hombres por dos razones: tienen huesos más pequeños de base, y la caída de estrógenos en la menopausia acelera dramáticamente la pérdida de densidad ósea. En los cinco a siete años posteriores a la menopausia, una mujer puede perder entre el 20% y el 30% de su masa ósea. Ese periodo es una ventana crítica de intervención que muchas mujeres atraviesan sin información.
  • Sedentarismo. El hueso es un tejido vivo que responde al estrés mecánico. El ejercicio de impacto, caminar, correr, saltar, levantar peso, estimula la formación de hueso nuevo. El sedentarismo crónico produce exactamente lo contrario: una pérdida progresiva de densidad ósea que se acelera con la edad.
  • Déficit de calcio y vitamina D sostenido. El calcio es el principal componente estructural del hueso. La vitamina D es lo que permite que el calcio se absorba en el intestino y llegue al hueso. Sin vitamina D suficiente, el calcio de la dieta pasa de largo. En Ecuador, donde la alimentación tradicional incluye lácteos, legumbres y sardinas como fuentes de calcio, el déficit no siempre es de alimentos sino de hábitos: dietas restrictivas, baja exposición solar y consumo insuficiente de estas fuentes.
  • Tabaquismo y consumo elevado de alcohol. El tabaco interfiere directamente con la actividad de los osteoblastos, las células que construyen hueso nuevo. El alcohol en exceso altera la absorción de calcio y vitamina D y reduce la coordinación, aumentando el riesgo de caídas que en un hueso frágil producen fracturas.
  • Antecedentes familiares. La genética explica entre el 60% y el 80% de la variación en la densidad mineral ósea entre personas. Tener un familiar directo con osteoporosis o con fractura de cadera es uno de los factores de riesgo más sólidos para desarrollarla.
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Lo que sí se puede hacer, a cualquier edad

La buena noticia es que siempre podemos cuidar nuestros huesos. El ejercicio, una alimentación adecuada y otros hábitos pueden ayudar a mantener la salud ósea y reducir riesgos. Si existe osteoporosis, el tratamiento depende de cada caso.

  1. Calcio suficiente en la dieta, todos los días. Las necesidades varían según la edad y cada persona. La leche, sardinas, brócoli, chocho, amaranto y quinua son buenas fuentes. Los suplementos pueden ser útiles cuando la dieta no es suficiente.
  2. Vitamina D: sol y análisis. La vitamina D se produce principalmente por exposición solar. En Ecuador, a pesar de la luz solar disponible, la deficiencia es más frecuente de lo que se cree en personas que trabajan en interiores la mayor parte del día. Un análisis de sangre simple determina los niveles actuales, y si hay deficiencia, suplementar, tiene impacto directo y medible en la salud ósea.
  3. Ejercicio de impacto y fuerza, no solo cardio. Caminar, subir escaleras, bailar, trotar, levantar peso. Esos movimientos generan el estímulo mecánico que contribuye al mantenimiento de la salud ósea. El ejercicio de fuerza es especialmente importante después de los 40 porque estimula tanto el músculo como el hueso, reduciendo el riesgo de caídas y de fracturas al mismo tiempo.
  4. Dejar de fumar y reducir el alcohol. Ambos cambios tienen efecto medible en la salud ósea en el mediano plazo. No se trata de perfección sino de dirección: cada cigarrillo menos y cada semana con menos alcohol es un paso en la dirección correcta para los huesos.
  5. Densitometría a partir de los 65, o antes con factores de riesgo. La densitometría ósea es el estudio que diagnostica la osteoporosis antes de que ocurra una fractura. La recomendación general es realizarla a partir de los 65 años en mujeres sin factores de riesgo, y antes si hay antecedentes familiares, menopausia precoz, uso prolongado de corticoides o bajo índice de masa corporal. En Ecuador, el acceso a través del IESS y del sistema público, aunque limitado, existe.
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Lo que este Día Mundial de la Osteoporosis debería provocar

El 20 de octubre existe para recordar que el hueso no es un material inerte. Es un tejido vivo que se construye, se mantiene y se pierde en función de decisiones cotidianas que se toman décadas antes de que el problema sea visible.

Una fractura en la adultez puede estar relacionada con múltiples factores, como la edad, la genética, los cambios hormonales, algunas enfermedades, medicamentos y también los hábitos de vida. La buena noticia es que cuidar la salud ósea desde joven puede ayudar a mantener huesos fuertes a lo largo de la vida.

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