Lavinia Valbonesi: bienestar, familia y autonomía femenina

Entre tantas responsabilidades, ¿cómo cuidas esos momentos para compartir con tu esposo y disfrutar en familia?
Para mí, el tiempo con mi familia es algo que cuido muchísimo. Por más movido que sea el día, siempre buscamos nuestros momentos. Me encanta desayunar con mis hijos, empezar el día juntos, y en las tardes trato de estar con ellos, jugar, escucharlos y disfrutar de esas pequeñas cosas que a veces parecen simples, pero que para mí lo son todo.
Con mi esposo también tenemos nuestros espacios. Los dos tenemos agendas bastante complicadas, pero siempre buscamos ese ratito para nosotros, generalmente en la noche, cuando todo está más tranquilo. Nos gusta conversar, contarnos cómo nos fue, reírnos de cualquier cosa y simplemente disfrutar de estar juntos. Creo que esos momentos nos hacen mucho bien, nos mantienen unidos y nos recuerdan que, en medio de tantas responsabilidades, lo más bonito es tenernos el uno al otro.
¿Cómo cambió la maternidad tu manera de entender el bienestar?
Ser mamá me cambió la vida de una manera que nunca imaginé. Antes relacionaba el bienestar con cuidarme, alimentarme bien, hacer ejercicio y sentirme bien conmigo misma. Hoy entiendo que va mucho más allá.
No hay nada que me dé más paz que ver a mis hijos felices, escucharlos reír y saber que están bien. Hay días en los que llego cansada, con mil cosas en la cabeza, y basta un abrazo de ellos para que todo cambie. Me han enseñado a disfrutar de esos pequeños momentos que sé que algún día voy a extrañar muchísimo. A veces los miro crecer y quisiera detener el tiempo un ratito.
La maternidad también despertó en mí una sensibilidad distinta hacia los demás. Cuando veo a una madre preocupada por su hijo, pienso inevitablemente en los míos y en lo que yo sentiría si estuviera en su lugar. Eso me ha acercado aún más al deseo de ayudar, de escuchar y de estar presente para otras familias. Y es algo que quiero enseñarles a mis hijos, sobre todo con el ejemplo.
Mis hijos me enseñaron que el amor más grande empieza en casa, pero no tiene por qué quedarse ahí. Y si hay algo que quisiera dejarles, es esa sensibilidad para mirar a los demás y ese deseo de hacer algo bueno por alguien más.
¿Cómo vives el cuidado de tu alimentación sin dejar de disfrutar lo que te gusta?
Me gusta cuidarme y comer sano, porque sé lo importante que es alimentarme bien para tener energía, sobre todo con los días tan movidos que tengo. Pero también me encanta disfrutar de la comida y darme mis gustos. Un buen arroz con menestra o una hamburguesa con mi esposo me hacen feliz. ¡Soy súper golosa para esas cosas! (ríe).
En casa también trato de que mis hijos aprendan a comer bien, pero sin que la comida se convierta en una preocupación. Me encanta prepararles el desayuno, compartir la mesa y enseñarles desde pequeños a disfrutar de una alimentación variada. Creo que lo importante es encontrar un equilibrio, cuidarnos sin dejar de disfrutar. Porque comer rico, compartir en familia y darse un gusto de vez en cuando también es parte de sentirse bien.
¿Qué encuentras en la naturaleza que te ayuda a sentirte bien?
Me da muchísima paz. Me encanta estar al aire libre, sentir el sol, respirar aire fresco y olvidarme un ratito de los pendientes. Con el ritmo que llevamos todos los días, a veces hace falta encontrar esos espacios para desconectarnos, disfrutar del momento y apreciar lo que tenemos alrededor. A mí, estar en contacto con la naturaleza me ayuda muchísimo con eso.
Y si estoy con mi familia, lo disfruto todavía más. Me encanta ver a mis hijos correr, jugar y descubrir cosas nuevas. Son esos momentos en los que no estamos pendientes del reloj ni de todo lo que tenemos que hacer, sino que simplemente disfrutamos de estar juntos.
Para mí, vivir bien también tiene mucho que ver con eso. Con tener tiempo para disfrutar, reírnos, estar tranquilos y valorar esas cosas sencillas que al final son las que más felices nos hacen.

En los días más exigentes, ¿qué te sostiene y te ayuda a encontrar paz?
Mi fe y mi familia, sin duda. Hablar con Dios es parte de mi día a día, y cuando las cosas se ponen difíciles, siempre busco un ratito para rezar, agradecer y poner en sus manos lo que me preocupa. A veces queremos resolverlo todo y tener todo bajo control, pero he aprendido que también hay que saber confiar.
Mi familia es ese lugar donde siempre encuentro tranquilidad. Llegar a casa, abrazar a mis hijos, escuchar sus historias o sentarme a conversar con mi esposo después de un día largo me hace muchísimo bien. Son esos momentos sencillos los que me ayudan a dejar atrás las preocupaciones y recordar lo verdaderamente importante. Al final, Dios me da la paz para afrontar los días difíciles y mi familia, el amor y la fuerza para seguir adelante.

Desde Fundación ANA, ¿qué buscas hacer posible para que más mujeres puedan vivir bien y decidir sobre su futuro?
Lo que más quiero es que ninguna mujer sienta que tiene que renunciar a sus sueños porque no tiene los recursos o las oportunidades para salir adelante. He conocido a tantas mujeres maravillosas, llenas de talento y de ganas de superarse, que muchas veces solo necesitan que alguien crea en ellas y les abra una puerta.
Como mamá, me conmueve especialmente conocer a mujeres que luchan todos los días por sacar adelante a sus hijos. Sé lo importante que es tener tranquilidad en casa, y también sé que cuando una mujer no tiene ingresos propios, muchas veces se ve obligada a tomar decisiones que no quisiera.
Por eso, en Fundación ANA trabajamos por algo que para mí es fundamental: la autonomía económica de las mujeres. A través de la capacitación, el empleo y el emprendimiento, queremos que cada una tenga la oportunidad de generar sus propios ingresos, desarrollar sus talentos y, sobre todo, tener la libertad de decidir sobre su vida. Porque cuando una mujer puede sostenerse económicamente, no solo gana independencia, también gana seguridad, confianza y nuevas oportunidades para ella y su familia.
Para mí, vivir bien también es eso: tener la tranquilidad de saber que puedes salir adelante por ti misma, que tienes opciones y que tus sueños son posibles. Y si desde ANA logramos que más mujeres tengan esa libertad, estamos cambiando mucho más que su presente: estamos ayudándolas a construir el futuro que ellas quieren.
¿Qué te han enseñado las mujeres que acompañan desde Fundación ANA y cómo han cambiado tu manera de ver la vida?
Me han enseñado muchísimo, aunque quizá no se imaginan cuánto. He conocido a mujeres que han hecho esfuerzos enormes por sus hijos, que han tenido que empezar de nuevo y que, a pesar de las dificultades, no han perdido sus sueños ni las ganas de salir adelante. Sus historias me conmueven, pero sobre todo me inspiran.
Al escucharlas, he comprendido que muchas veces no les faltan el talento ni la voluntad, sino las oportunidades. Y ese es justamente el propósito de Fundación ANA: acompañarlas, darles herramientas para generar sus propios ingresos y alcanzar la autonomía económica que les permita decidir sobre su futuro. Como mamá, me identifico con ese deseo de darles lo mejor a nuestros hijos, pero también he aprendido a ver más allá de la maternidad. Cada una tiene sus propios sueños, capacidades y aspiraciones que merecen una oportunidad.
Si algo me han enseñado las mujeres en ANA es que la fuerza para salir adelante ya está dentro de ellas. Nuestro trabajo es ayudarlas a convertir esa fuerza en oportunidades reales. Porque cuando una mujer puede decidir sobre su futuro, no solo transforma su vida, también abre nuevos caminos para sus hijos y las generaciones que vienen. Eso es lo que me inspira cada día a seguir trabajando desde ANA.
Ahora que presides ALMA, ¿cómo quieres contribuir al bienestar de las mujeres de la región?
Asumir la presidencia de ALMA es un gran honor y, sobre todo, una enorme responsabilidad. Es también una oportunidad para impulsar, desde América Latina, un trabajo conjunto que tenga un impacto real en la vida de las mujeres. Desde Fundación ANA he podido conocer de cerca sus historias y entender que, aunque cada país tiene sus propias realidades, compartimos muchos de los mismos desafíos. Hay mujeres con muchísimo talento y ganas de salir adelante que necesitan más oportunidades para lograrlo.
Quiero que ALMA siga fortaleciéndose como un espacio de liderazgo regional, donde podamos unir esfuerzos, compartir lo que funciona en nuestros países y construir alianzas que se traduzcan en oportunidades reales de capacitación, empleo y emprendimiento. Creo profundamente en la autonomía económica de las mujeres, porque tener ingresos propios significa mucho más que ganar dinero: es tener independencia, seguridad y libertad para decidir sobre su futuro.
Mi mayor ilusión es que desde ALMA podamos impulsar una visión compartida para toda la región, que nos permita pasar de las buenas intenciones a resultados concretos. Que lo que aprendemos y construimos en un país pueda abrir puertas en muchos otros. Porque cuando unimos nuestras experiencias, nuestras capacidades y nuestro compromiso, podemos llegar mucho más lejos y hacer que más mujeres de América Latina tengan la oportunidad de construir la vida que sueñan.


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